¿Cómo afectará la llegada de Milei a la relación de Argentina con China?

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Milei advirtió que, en caso de ser presidente, no iba a hacer negocios con China, uno de los mayores socios comerciales de Argentina.

La estrecha relación con China se ha convertido en los últimos años en un salvavidas para la convulsa economía de Argentina, pero la llegada de Javier Milei al poder en Buenos Aires pone esos lazos en jaque y abre un periodo de incertidumbre.

El presidente electo argentino aseguró que rompería relaciones con “los países comunistas” y rechazó la necesidad de que su país se incorpore al grupo de potencias emergentes BRICS, pero la pregunta es qué margen de maniobra real tiene para materializar esas decisiones.

Desde Pekín, la respuesta fue clara: “A Argentina no le interesa romper relaciones con un país tan grande como China”, declaró la portavoz de Exteriores Mao Ning apenas dos días después de la victoria de Milei frente al peronista Sergio Massa.

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La bajada del tono del político a la hora de referirse a China en la última semana sugiere que Milei podría haber repensado el asunto.

“Milei ha suavizado muchísimo su postura frente a China. Existe la base para unas relaciones bastante más estables de lo que se presumía durante la campaña”, afirma el analista argentino Bruno Binetti, de la London School of Economics.

Durante la campaña, Milei advirtió que, en caso de ser presidente, no iba a hacer negocios con China, uno de los mayores socios comerciales de Argentina, ni “promover ningún tipo de acción con comunistas”, afirmó que las regulaciones comerciales eran perjudiciales y que el comercio debía ceñirse a acuerdos entre privados, sin intervención del Estado.

Tras resultar electo Milei, el mandatario chino, Xi Jinping, le felicitó por carta destacando el “apoyo” y “respeto mutuo” entre sus países. Milei agradeció la misiva, envió a Xi sus “más sinceros deseos de bienestar para el pueblo de China” y le invitó a su toma de posesión.

“La distancia entre lo que Milei dijo en la campaña y lo que empieza a hacer ahora como presidente electo es tan grande que dificulta pensar cuál va a ser su política exterior”, dijo Gabriel Puricelli, coordinador del Programa de Política Internacional en el centro de estudios argentino Laboratorio de Políticas Públicas.

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Un libreto que recuerda al del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, “quien había amenazado con romper con China, pero la cordura se impuso”, y en el que la reacción de China fue la misma en ambos casos, “paciencia y no responder a las provocaciones”, recuerda Binetti.

Según Puricelli, la retórica de campaña de Milei se explica, por un lado, por la “pura demagogia” de aprovechar sentimientos negativos en parte del electorado respecto de determinadas ideas, como el comunismo, y, por otro, por una “comprensión extremadamente limitada de en qué consisten las relaciones exteriores”.

“El alto perfil de la relación sino-argentina va a bajar, pero dudo que haya un rompimiento. Buscar camorra con los chinos nunca es buena idea. Lo hizo Cristina Fernández en 2010, y casi le cuesta la reelección”, opina Jorge Heine, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Boston y exembajador de Chile en China.

Quiebre político pero no económico

Pero según Lisandro Mogliati, consultor argentino en negocios internacionales y experto en comercio exterior, “si bien Milei está mostrando moderación, no expresó aún un cambio drástico orientado a mantener una vinculación de estado a estado” por lo que priman muchas dudas sobre el futuro de la relación con China.

Un quiebre en la relación política y pragmatismo en lo económico sería para los expertos el escenario más previsible, dados los numerosos compromisos que tiene el Estado argentino con China y sus empresas, desde préstamos a obras clave en infraestructura pasando por el acuerdo swap por el que el país suramericano paga al asiático sus exportaciones en yuanes.

Según datos oficiales, China es el tercer destino de las exportaciones de Argentina (8 %) y el segundo origen de sus importaciones (19 %).

En los nueve primeros meses del año, Argentina exportó a China por 3.963 millones de dólares, con una caída interanual del 22,4 %, mientras que importó desde el gigante asiático por 11.045 millones, con una merma interanual del 17,2 %, lo que deja para la nación suramericana un déficit de 7.082 millones.

A la balanza bilateral se suman las inversiones, que Argentina “necesita desesperadamente, y el propio programa económico que quiere aplicar Milei necesita un flujo positivo de dólares, de inversión extranjera directa”, observa Puricelli.

Las inversiones chinas en Argentina se centran en el litio y la energía y de momento son marginales en comparación con las provenientes de EE. UU. y España. Pero crecen a tasas muy superiores a la media, con un alza del 223 % interanual en el primer trimestre del año, cuando se registró un flujo neto por 162 millones de dólares, de acuerdo a los últimos datos oficiales disponibles.

China “es una fuente de inversiones importante en un momento en que Argentina necesita todas las que pueda recibir, sobre todo en sectores estratégicos como el litio y el petróleo”, coincide Binetti, para quien “la presencia china es fundamental, sobre todo en un país con la inestabilidad y el riesgo que representa la Argentina, en el que las empresas occidentales tal vez van a esperar un poco más a ver cuáles son las decisiones del nuevo gobierno y los resultados”.

“Las empresas chinas, por la naturaleza del sistema chino, tienen la capacidad de invertir pensando en el largo plazo y eso podría ser una ventaja para Milei”, agrega.

Otro punto de incertidumbre es el ingreso de Argentina a los BRICS, que debe materializarse en enero próximo… o no.

Jorge Heine se muestra convencido de que “Milei va a estar tentado de rechazar la invitación”, pero “la pregunta es si las patronales como la Unión Industrial y la Sociedad Rural Argentina le permitirían lo que seria una bofetada tanto a China como a Brasil, sus dos principales socios comerciales”.

“Me parecería raro ver al gobierno de Milei ingresando al BRICS junto con países como Irán, lo más probable es que eso no suceda pero también hay que ver cómo se maneja para que no sea un desaire a China”, remata Binetti.

EFE