Los clubes de marihuana se integran al paisaje del viejo Montevideo

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Una puerta antigua, como muchas de las que se encuentran en la Ciudad Vieja de Montevideo, abre paso a uno de los 63 clubes de cultivo de marihuana que hay registrados en Uruguay, donde más de 40 miembros pueden acceder a flores de cannabis de alta calidad, aunque a un elevado costo mensual.

Pese a que no hay distintivos en el exterior, el particular olor de la planta de marihuana se percibe desde afuera, así como las cámaras de vigilancia que controlan la entrada y salida de las personas.

La seguridad es uno de los requisitos que el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca) exige a estas instituciones, que deben registrarse ante ese organismo y afrontar una inversión en trámites burocráticos de unos mil dólares.

El club, cuyo nombre sus integrantes piden no revelar, posee una infraestructura gigantesca para abastecer a los 44 miembros que todos los meses acceden a 40 gramos de marihuana a un costo de 4.300 pesos uruguayos mensuales (unos 150 dólares).

Felipe Lozano, miembro de esta organización, explicó a Efe cómo es el funcionamiento de un club de marihuana, una figura que Uruguay creó en diciembre de 2013, cuando aprobó la inédita ley que reguló la producción y comercialización del cannabis en el país.

Como primera medida, Lozano explicó que las entidades de este tipo deben registrarse en el Ircca, que exige a los miembros detallar las variedades de marihuana que allí se van a cultivar.

“Cada club puede poner sus normas generales. Hay un parámetro sobre cómo cultivar, cómo dispensar, etc. Pero cada club tiene su reglamento”, comentó el joven cultivador.

En este sentido, agregó que la asociación que integra sólo acepta miembros que sean conocidos o que hayan sido invitados, para así asegurar la “privacidad y seguridad de todos”.

Según la normativa, los clubes pueden tener desde 15 hasta 99 socios, un total de 99 plantas de marihuana y una cosecha anual que no puede superar los 480 gramos anuales por miembro.

La asociación que integra Lozano cuenta con integrantes de “todas las edades”, que van desde los 19 hasta los 65 años.

El club trabaja con una base de 10 genéticas de marihuana, cuyo componente psicoactivo varía entre un 10 % y un 20 %.

Sin embargo, Lozano explicó que no se chequea el nivel de psicoactividad de todos los cultivos, porque es un gasto que para los clubes es “imposible de costear”.

“Si las testeamos nosotros y sabemos si son más fuertes o más suaves. La gente también tiene acceso a variedades más relajantes, que se ajustan más a los usos medicinales”, señaló el cultivador.

Pese a esto último, dejó en claro que los clubes tienen prohibido hacer extracciones y que sólo pueden vender las flores de cannabis, por lo que la realización de aceites de uso medicinal queda en manos de los usuarios.

Respecto a la fiscalización estatal, el cultivador relató que “tampoco hay un control muy estricto”, mientras los clubes no se vayan de los “márgenes de la ley”.

Concretamente, Lozano se refirió a la cantidad de 40 gramos mensuales a las que los socios pueden acceder y a la prohibición de vender flores de cannabis a personas que no pertenecen al club.

El precio que se cobra por las membresías y la psicoactividad de las plantas son dos factores que quedan a consideración de los clubes.

El pasado 19 de julio Uruguay completó la reglamentación de la ley con la puesta en marcha de la venta en farmacias, una de las tres vías que previó la normativa y la que demoró más tiempo en implementarse.

Consultado sobre el producto a los que los consumidores pueden acceder en las farmacias, que en este primer momento se ofrece en dos variedades que rondan el 2 % de psicoactividad, Lozano opinó que “es para cualquier persona que quiera consumir cannabis y nunca lo haya hecho.

“No van a tener un efecto muy fuerte, sino que va a ser algo más suave”, estimó.

Ante este panorama, los clubes de cultivadores se muestran como una alternativa para los consumidores que quieren acceder a la hierba por medios legales y con todas las garantías de calidad.

Lozano consideró que “está bueno” que el país se haya animado a reglamentar, de esta manera inédita en el mundo, la producción y comercialización de la marihuana.

“Es un país que lleva la bandera de ser cada vez más libre, que cada uno tenga su lugar en la sociedad”, reflexionó el cultivador, aunque matizó que, a su parecer, “no está bien encarada” la regulación posterior a la aprobación, informa Efe.

El principal reclamo es la habilitación de los usos medicinales, algo que paradójicamente aún enfrenta varios obstáculos en el país.