La Navidad llega a la cárcel de mujeres El Buen Pastor de Bogotá con una anhelada atención médica

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Foto: Anadolu

En medio de la temporada navideña, en este año atípico golpeado por la pandemia del coronavirus (COVID-19) y del oscuro panorama carcelario en Colombia, las reclusas de la cárcel El Buen Pastor en Bogotá rompen su rutina con la visita de un grupo de médicos voluntarios para evaluar su estado de salud.

Estas jornadas, que se realizan en apoyo a una iniciativa del Ministerio de Justicia y del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec), buscan brindar una atención médica a las mujeres que por diversas circunstancias se encuentran privadas de la libertad en una nueva Navidad.

Las brigadas cuentan con actividades para la prevención del cáncer de seno, del cáncer cervical y sobre protocolos de seguridad ante el coronavirus. Se atendieron, además, consultas de ginecología y dermatología.

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Camilo Prieto, director de la ONG Movimiento Ambientalista Colombiano, quien participó en las actividades de salud, aseguró que “la medicina debe ir más allá de los consultorios y llegar a dónde se necesite”.

“Las cárceles siempre serán escenarios para ayudar y servir. Nos alegra encontrar internas muy pilas con ganas de aprender y compartir. Hacer equipo con ellas es fundamental para la promoción y prevención en salud”, indicó Prieto

El Buen Pastor refleja la situación general de las mujeres privadas de la libertad en Colombia. En apenas seis establecimientos se encuentra el 42,5% de la población interna femenina. Es una muestra, además, de la situación carcelaria en general en el país caracterizada por su precaria infraestructura, sus instalaciones antiguas, las escazas plazas y las difíciles condiciones de salubridad.

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Con una capacidad para 1.275 reclusas, la cárcel El Buen Pastor tiene hoy una población de alrededor de 2.162 mujeres que purgan diversas condenas. El desequilibrio entre cupos e internas se traduce en un hacinamiento cercano al 70%.

Este crecimiento rápido y continuo de la población penitenciaria femenina se remonta al inicio de la guerra contra el narcotráfico en el país andino. Mujeres de escasos recursos, que han encontrado en el micro tráfico su principal medio de subsistencia, engrosan las filas de los establecimientos carcelarios.